El plan busca establecer una base para futuros acuerdos, abordando garantías de seguridad para Ucrania, pactos económicos y una fórmula para un alto el fuego. Uno de los avances más notables es la apertura de Zelenski a un referéndum o una votación parlamentaria para decidir el futuro de la región del Donbás, argumentando que el dominio de esa tierra debe ser decidido por su población, una propuesta que Trump respaldó. Sin embargo, persisten puntos de fricción críticos que impiden un acuerdo total.
El principal obstáculo es el control territorial, ya que Moscú sigue exigiendo concesiones que Kiev rechaza. Otro tema sensible es el destino de la central nuclear de Zaporiyia, cuyo control es un punto de alta tensión. A pesar de que Rusia ha calificado las conversaciones como en su “fase final” y ha visto un “avance lento, pero constante”, la viabilidad del plan depende de la aceptación de Moscú de los nuevos términos y de la resolución de estas cuestiones de soberanía que son fundamentales para Ucrania.













