Sus declaraciones enviaron un mensaje desafiante tanto a Kiev como a las potencias occidentales.
Putin se felicitó por los recientes avances territoriales de su ejército, augurando "nuevos éxitos" antes de fin de año.
Subrayó que Rusia alcanzará "sin duda" todos sus objetivos en Ucrania, ya sea a través de la diplomacia o "por la vía militar" si las negociaciones fracasan. En este sentido, afirmó que cualquier acuerdo de paz depende de que Kiev y Europa acepten las propuestas del presidente estadounidense Donald Trump. El líder ruso también dedicó duras palabras a Occidente, calificando de "disparate" las afirmaciones sobre un posible ataque ruso a Europa y asegurando que no habrá más guerras si se trata a Rusia "con respeto".
En un tono particularmente despectivo, se refirió a los líderes europeos como "cerditos".
Además, criticó la discusión en la Unión Europea sobre el uso de los activos rusos congelados, calificándola de "atraco" y "robo". En conjunto, su discurso proyectó una imagen de control y determinación, sin dejar espacio para concesiones significativas y reafirmando su voluntad de continuar la ofensiva hasta lograr sus metas estratégicas.












