Por su parte, Kiev resiste gracias a una dependencia casi total del respaldo financiero y militar internacional, lo que ha llevado su economía al borde del colapso.

Esta dinámica ha transformado el conflicto en un enfrentamiento prolongado que está marcando un nuevo precedente para la seguridad en Europa y la geopolítica global. La necesidad de Ucrania de recibir masivos préstamos de la Unión Europea para cubrir sus gastos más urgentes, sumada a la determinación de Vladimir Putin de alcanzar sus objetivos "por la vía militar" si es necesario, y la continua escalada de ataques por ambas partes, confirman que no se vislumbra un final a corto plazo. El conflicto se perfila como una confrontación a largo plazo que seguirá teniendo profundas consecuencias para la estabilidad regional y mundial.