Este acuerdo representa el penúltimo obstáculo legal antes de que la prohibición se convierta en ley. Sin embargo, la medida no contempla una prohibición total de las compras de petróleo y combustible nuclear rusos, lo que ha llevado al primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, a anunciar que impugnará la decisión ante los tribunales. De forma paralela, en una reunión de cancilleres, la UE decidió imponer nuevas sanciones dirigidas a la "flota fantasma" rusa.

Esta red de buques petroleros opera con estructuras opacas para transportar y vender crudo ruso en los mercados globales, violando las sanciones existentes. Con estas dos acciones, Bruselas busca debilitar la capacidad de Rusia para financiar su guerra en Ucrania, atacando tanto sus ingresos energéticos directos como los mecanismos que utiliza para evadir el cerco económico internacional.