El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso calificó el plan como un “flagrante y banal robo” y una violación del derecho internacional.

La portavoz Maria Zajarova advirtió que “nuestra respuesta no tardará mucho en llegar” y que la UE dañará su propia reputación internacional.

Esta escalada financiera abre un nuevo frente en el conflicto, donde los recursos económicos se convierten en un arma estratégica tanto para apoyar a Kiev como para presionar al Kremlin.