Esta dinámica refleja la creciente presión militar que enfrenta Ucrania. En la retaguardia, la población civil continúa viviendo bajo la amenaza constante de ataques aéreos. Rusia lanza diariamente cientos de misiles y drones, convirtiendo los bombardeos en una parte cotidiana de la vida de los ucranianos. Como respuesta, la población ha desarrollado mecanismos de adaptación, como la creación de un “pronóstico de drones” en la aplicación de mensajería Telegram para alertar sobre posibles ataques.

La intensidad del conflicto aéreo es tal que, en una sola noche, Rusia afirmó haber derribado 121 drones ucranianos.

Este sombrío panorama militar es el telón de fondo sobre el cual se desarrollan las cruciales negociaciones de paz.