La administración del presidente estadounidense Donald Trump está jugando un papel protagónico y controvertido en el conflicto de Ucrania, presionando para la celebración de elecciones y promoviendo un plan de paz que ha generado tensiones. Trump ha manifestado públicamente que ha llegado el momento de que Ucrania celebre comicios, una postura que ha sido interpretada como una crítica al presidente Volodímir Zelenski, a quien acusa de alargar la guerra para evitar ir a las urnas. En respuesta, Zelenski ha declarado que está dispuesto a impulsar una reforma legal para permitir elecciones en tiempos de guerra, pero solo si Estados Unidos y sus aliados europeos garantizan la seguridad del proceso.
Simultáneamente, Washington ha presentado un “plan de paz” que, según algunas fuentes, es favorable a Moscú.
Ucrania está trabajando en una contrapropuesta de 20 puntos que enviará a Estados Unidos para su revisión. En este contexto, Trump ha advertido que el líder ucraniano “tiene que ser realista” sobre la posición de su país.
Esta presión desde Washington ha sido contrarrestada por el respaldo explícito de los principales aliados europeos.
Líderes de Francia, Reino Unido y Alemania se reunieron con Zelenski para mostrarle su apoyo, insistiendo en que el mandatario no tiene “ningún derecho” a ceder los territorios que reclama Rusia.
En resumenEl gobierno de Trump presiona a Ucrania para que celebre elecciones y acepte su plan de paz, lo que genera una compleja dinámica diplomática en la que Zelenski debe manejar las exigencias de EE. UU. mientras se apoya en sus aliados europeos para defender la soberanía de su país.