Esta divergencia de opiniones revela una potencial fisura en la cohesión de la alianza transatlántica. Los aliados europeos parecen cuestionar si la nueva estrategia estadounidense prioriza adecuadamente la seguridad colectiva y la unidad frente a la agresión rusa, o si introduce nuevos elementos de incertidumbre en un panorama geopolítico ya de por sí complejo.