Sin embargo, esta vía no está exenta de controversia.
Países como Bélgica, donde se encuentra una parte significativa de los activos, temen posibles represalias legales y económicas por parte de Moscú. La división se acentúa con la postura de Washington, que ha planteado un enfoque diferente: la creación de un “vehículo de inversión” conjunto con el Kremlin, una idea que contrasta fuertemente con la propuesta europea de usar el dinero directamente contra los intereses de Rusia. Este desacuerdo sobre el mecanismo y las implicaciones legales podría redefinir las relaciones económicas internacionales en el contexto del conflicto y complicar la implementación de una estrategia financiera unificada para apoyar a Ucrania.












