El ambiente diplomático está cargado de señales mixtas. Por un lado, altos funcionarios estadounidenses, como el enviado Keith Kellogg y el embajador ante la OTAN, han declarado que un acuerdo de paz está “muy cerca” y “más cerca que nunca”. Por otro lado, los propios ucranianos expresan su preocupación por la posibilidad de que Rusia imponga “nuevas exigencias maximalistas”. Tanto Ucrania como Estados Unidos han reiterado que cualquier avance real hacia la paz sigue dependiendo de la voluntad de Moscú, lo que subraya la fragilidad de las negociaciones actuales.