Estos enfrentamientos subrayan la brutal realidad de una guerra que sigue cobrando vidas y causando una destrucción generalizada. Uno de los focos de combate más intensos se ha centrado en la ciudad de Pokrovsk, en la región de Donetsk. El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber capturado la ciudad, un logro que sería una importante victoria estratégica. Sin embargo, las autoridades ucranianas han negado la caída total de la urbe, acusando a Rusia de una maniobra propagandística para influir en las conversaciones de paz. Más allá del frente, Rusia ha continuado su campaña de ataques a distancia.

Un bombardeo en la ciudad de Dnipró dejó un saldo de cuatro muertos y 40 heridos, mientras que un ataque masivo con 36 misiles y cientos de drones sobre Kiev y sus alrededores provocó incendios en zonas residenciales y dejó a miles de viviendas sin electricidad. En el Mar Negro, Ucrania ha reivindicado ataques con drones navales contra dos petroleros de la “flota fantasma” rusa, utilizada para eludir sanciones, a lo que Putin ha respondido con amenazas de represalias, calificando las acciones de “piratería”.

Esta escalada en múltiples frentes demuestra que la guerra sigue activa y que ambos bandos continúan buscando ventajas militares en paralelo a cualquier diálogo.