La estrategia de los aliados es clara: la presión militar y económica sobre Rusia debe continuar para que la diplomacia tenga posibilidades de éxito. Esta dualidad, negociar mientras se sigue armando a Ucrania, es vista como la única vía para contrarrestar la ventaja militar rusa en el campo de batalla y asegurar que cualquier paz futura no sea simplemente el resultado de un agotamiento militar ucraniano. La amenaza de la administración Trump de cortar la ayuda si Kiev no acepta su plan de paz añade una capa de complejidad, ya que el apoyo militar se ha convertido también en una herramienta de presión política.