Al mismo tiempo, el país se ha vuelto vulnerable a ataques encubiertos.

Un ejemplo destacado fue un “acto de sabotaje sin precedentes” en la línea ferroviaria Varsovia-Lublin, un corredor vital para el envío de suministros a Ucrania.

Este ataque paralizó temporalmente el tránsito y encendió las alarmas sobre la seguridad de las rutas logísticas que sostienen la resistencia ucraniana. Como respuesta, el gobierno polaco se vio obligado a desplegar 10.000 soldados en las calles y a reforzar la vigilancia. Estos eventos subrayan la delicada posición de Polonia como un “frente en la zona gris del Kremlin”, donde la guerra no se libra solo con armas convencionales, sino también a través de la desinformación y los ataques a infraestructuras críticas.