Rusia está llevando a cabo una calculada estrategia diplomática, mostrando una aparente apertura al diálogo al aceptar la oferta del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, para que Budapest sea la sede de futuras negociaciones, mientras rechaza firmemente las modificaciones europeas al plan de paz estadounidense. Durante una reunión en el Kremlin, el presidente Vladímir Putin avaló la propuesta de Orbán, un gesto que busca proyectar una imagen de disposición a negociar.
Sin embargo, esta flexibilidad no se extiende al contenido del acuerdo.
El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, declaró que solo la propuesta original presentada por Estados Unidos constituye una “base viable” para iniciar conversaciones formales.
El Kremlin ha calificado la versión enmendada por los países europeos como “no constructiva” y ha afirmado que no responde a los intereses rusos.
Esta postura dual parece diseñada para controlar los términos de cualquier acuerdo, favoreciendo el diálogo directo basado en la propuesta inicial de Trump, que es más ventajosa para Moscú.
Al mismo tiempo, busca socavar un frente unido entre Estados Unidos y sus aliados europeos, explotando las diferencias en sus enfoques hacia la paz.
En resumenLa postura diplomática de Moscú indica un claro intento de dictar los términos de cualquier acuerdo de paz. Al aceptar un lugar de encuentro neutral pero rechazar las enmiendas de fondo, Rusia busca negociar desde una posición de fuerza, basándose en la propuesta estadounidense original y desestimando la influencia de una Europa unida.