Esta ofensiva constante subraya la frágil realidad en el terreno, que contrasta marcadamente con los esfuerzos diplomáticos.
En uno de los ataques más recientes, la capital, Kiev, fue blanco de 36 misiles y cerca de 600 drones. La ofensiva provocó incendios en zonas residenciales, dejó a miles de viviendas sin electricidad y causó la muerte de al menos seis personas. Los bombardeos no se han limitado a la capital; otras ciudades como Járkiv, Dnipro y varias localidades en la región de Sumy también han sufrido ataques.
Paralelamente a esta campaña aérea, Rusia ha reivindicado avances en el frente oriental, asegurando haber tomado el control de tres nuevas localidades. El presidente Vladímir Putin afirmó además que sus tropas rodean la estratégica ciudad de Pokrovsk y controlan el 70% de la misma, aunque Ucrania sostiene que sus fuerzas contraatacan con contundencia. Esta estrategia de presión militar parece diseñada para fortalecer la posición de Moscú en la mesa de negociaciones, demostrando que la opción militar sigue siendo una prioridad para el Kremlin.












