El objetivo es garantizar que la soberanía y la seguridad a largo plazo de Ucrania no se vean comprometidas por un acuerdo que consideran precipitado y desequilibrado. Alemania, Francia y el Reino Unido lideraron la redacción de un documento que, si bien toma como base la propuesta de Estados Unidos, introduce modificaciones sustanciales. La contrapropuesta europea busca eliminar los puntos más controvertidos, como la cesión obligatoria de territorios y la renuncia a la OTAN, dejando abierta la posibilidad de una futura adhesión. Además, insisten en garantías de seguridad más robustas, similares a las de la OTAN, y rechazan límites drásticos al tamaño del ejército ucraniano. La iniciativa europea también responde a la propuesta de Donald Trump de utilizar los activos rusos congelados en Europa para financiar proyectos de reconstrucción liderados por Washington. Los líderes europeos han rechazado firmemente esta idea, argumentando que dichos fondos deben ser gestionados por la Unión Europea y destinados exclusivamente a la reconstrucción de Ucrania.

El canciller alemán, Friedrich Merz, fue contundente al afirmar: “Los activos rusos con sede en Bruselas no pueden entregarse a los estadounidenses.

Es impensable”.

Esta postura refleja una creciente tensión transatlántica y el deseo de Europa de afirmar su autonomía estratégica en la resolución del conflicto.