El canciller alemán, Friedrich Merz, declaró que era "impensable" que los activos rusos con sede en Bruselas se entregaran a los estadounidenses. Líderes de Francia y el Reino Unido respaldaron una contrapropuesta que busca emplear los activos exclusivamente para la reconstrucción de Ucrania, manteniéndolos bloqueados hasta que Moscú compense los daños. La disputa refleja una creciente tensión en la dinámica transatlántica, donde los europeos perciben una estrategia unilateral de Trump que prioriza los intereses económicos de EE. UU. por encima de la cooperación y la soberanía europea en la gestión de recursos estratégicos bajo su control.