La guerra en Ucrania ha cobrado la vida de numerosos combatientes extranjeros, entre ellos un número creciente de colombianos que se enlistaron en el ejército ucraniano. Los casos de varios santandereanos fallecidos recientemente han puesto de relieve el drama humano detrás de su participación en el conflicto, a menudo motivada por razones económicas. Uno de los casos más documentados es el de Dariel Alonso Giraldo Morales, de 39 años y oriundo de Cimitarra (Santander), quien murió el 16 de noviembre en un ataque con drones. Giraldo había viajado a Ucrania en junio, atraído por un salario prometido de unos 19 millones de pesos mensuales y su pasión por la vida militar. Según su familia, poco antes de morir había solicitado la baja debido a la peligrosidad de las misiones, pero le fue negada por ser considerado “un buen soldado”. Su muerte se suma a la de otros tres santandereanos: José Antonio Silva Camacho, Héctor Eduardo Salinas Romero y Javier Enrique López Olaya.
La Cancillería colombiana estima que al menos 64 colombianos han muerto en el conflicto y otros 122 están desaparecidos.
La tragedia se agrava por la imposibilidad de repatriar los cuerpos. La familia de Giraldo, así como la de Affeth Yesid Coronado Mendoza, otro joven fallecido, han sido informadas de que los cadáveres se encuentran en zonas bajo control ruso o de alto riesgo, lo que hace que cualquier operación de recuperación sea “un suicidio”.
Esta situación impide a las familias realizar un duelo adecuado y darles sepultura, añadiendo una carga emocional inmensa a su pérdida.
En resumenLa muerte de combatientes colombianos en Ucrania revela una dolorosa faceta del conflicto, donde la búsqueda de oportunidades económicas lleva a ciudadanos a un frente de guerra lejano. La imposibilidad de recuperar los cuerpos de los caídos agrava el sufrimiento de sus familias y pone de manifiesto los complejos desafíos humanitarios y diplomáticos que surgen de la participación de extranjeros en la guerra.