Rusia ha intensificado su ofensiva aérea contra Ucrania, lanzando una serie de ataques masivos con misiles y drones que han causado un número significativo de víctimas civiles y daños en infraestructura clave. Las ciudades de Ternópil, en el oeste, y Járkov, en el noreste, han sido dos de las más afectadas por esta nueva escalada de violencia. En Ternópil, un bombardeo calificado como uno de los más letales en el oeste del país desde el inicio de la invasión dejó un saldo trágico. Los informes indican que el número de muertos aumentó a 31, con casi 100 heridos, después de que un misil impactara en una zona residencial.
Entre las víctimas se encuentra una familia entera.
Varios bloques de apartamentos de nueve pisos quedaron destruidos, y los equipos de emergencia continuaron la búsqueda de 22 personas desaparecidas entre los escombros.
En Járkov, la situación también fue crítica.
Un ataque con drones impactó en un supermercado, dejando 32 heridos, incluidos dos niños.
Además, se reportaron al menos tres civiles muertos y diez heridos en la región. Las autoridades ucranianas informaron que estos ataques también se dirigieron contra la infraestructura energética, como una planta de energía solar en Odesa, como parte de la estrategia rusa de desgaste de cara al invierno. Esta oleada de bombardeos coincide con los esfuerzos diplomáticos del presidente Zelenski para reactivar las negociaciones de paz, lo que demuestra la urgencia de encontrar una solución al conflicto mientras la población civil sigue sufriendo las consecuencias.
En resumenLa reciente oleada de ataques rusos sobre ciudades como Ternópil y Járkov evidencia una estrategia de intensificación del conflicto, con un alto costo en vidas civiles y la destrucción de infraestructura crítica. Estos bombardeos mortales subrayan la grave situación humanitaria en Ucrania y la urgencia de los esfuerzos diplomáticos en curso para detener la violencia.