Desde Kiev, la reacción inicial ha sido de firme rechazo a las concesiones más duras.

Zelenski ha asegurado que no “traicionará” a su país y que cualquier acuerdo debe preservar la integridad territorial y evitar que Moscú use el pacto como una pausa para rearmarse. Reiteró que cualquier pacto debe impedir una nueva agresión y que los crímenes rusos “no pueden ser recompensados o perdonados”.

A pesar de la presión, el mandatario ha mantenido abierta la vía diplomática, afirmando que los norteamericanos “estaban escuchando a Ucrania” y aceptando negociar el plan en Ginebra. Para liderar este esfuerzo, nombró a su jefe de oficina, Andriy Yermak, con la instrucción de defender los intereses nacionales. La sociedad ucraniana interpreta mayoritariamente los 28 puntos como una “exigencia de capitulación”. Expertos señalan que varios puntos, como la renuncia a la OTAN, requerirían reformas constitucionales profundas o incluso un referendo, lo que añade una capa de complejidad política interna.

Zelenski ha adelantado que coordinará su respuesta con Francia, Reino Unido y Alemania para que sus “posiciones de principios sean tomadas en consideración” y ha prometido presentar alternativas a Washington, buscando una “paz digna sin cruzar sus líneas rojas”.