Según el ejército ucraniano, Rusia lanzó un total de 598 drones y 31 misiles en una sola noche.
Las autoridades de Kiev informaron que la cifra de muertos ascendió a 23 personas, con decenas de heridos, entre ellos niños. Los bombardeos nocturnos provocaron daños en al menos 20 sitios en siete distritos de la capital, afectando alrededor de 100 edificios, incluyendo residenciales, oficinas, un centro comercial y una escuela de preescolar. El presidente Volodímir Zelenski condenó los ataques, afirmando que demuestran que “Rusia no tiene ningún interés por la diplomacia” y “elige la opción balística en lugar de la mesa de negociaciones”. En respuesta, exigió una reacción de la comunidad internacional en forma de nuevas sanciones. La Unión Europea también reaccionó con indignación, especialmente después de que su delegación en Kiev resultara “gravemente dañada”.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, se declaró “horrorizado” por el “ataque deliberado de Rusia” y afirmó que la UE “no se dejará intimidar”. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que “el Kremlin no se detendrá ante nada para aterrorizar a Ucrania”.
Moscú, por su parte, admitió la ofensiva y afirmó que los bombardeos estaban dirigidos contra infraestructura militar ucraniana.












