Ante el temor de una posible ofensiva rusa, varios países de Europa del Este están acelerando la construcción de una nueva línea defensiva a lo largo de sus fronteras con Rusia. Esta moderna “cortina de hierro” no es ideológica, sino una barrera física y estratégica compuesta por fortificaciones militares permanentes. Lituania comenzó en agosto de 2025 la construcción de un cinturón de 48 kilómetros con zanjas antitanque, campos de minas, trampas y muros de concreto. A esta iniciativa se han sumado Polonia, Estonia y Letonia, que planean más de 1.500 kilómetros de obstáculos militares, incluyendo “dientes de dragón” y refugios antiaéreos. Por su parte, Finlandia, que comparte una frontera de 1.340 kilómetros con Rusia, está reemplazando sus antiguas verjas de madera por vallas de acero, sensores térmicos y puestos de vigilancia, con el objetivo de cubrir el 15% de su frontera para 2026. Además de las barreras físicas, Polonia y Finlandia están considerando la restauración de turberas y humedales secos en sus fronteras orientales.
Estos terrenos pantanosos actuarían como barreras naturales infranqueables para vehículos blindados y, al mismo tiempo, contribuirían a la lucha contra el cambio climático.
Estas medidas se complementan con un notable aumento en los presupuestos de defensa; por ejemplo, Lituania ya destina el 5,5% de su PIB a este rubro y ha adquirido tanques Leopard 2A8. Esta fortificación masiva refleja un cambio profundo en la percepción de seguridad en Europa, materializando la división geopolítica con una infraestructura defensiva visible desde el aire.
En resumenEn respuesta a la amenaza rusa, los países del flanco oriental de la OTAN están erigiendo barreras físicas y militares a una escala no vista desde la Guerra Fría. Esta nueva “cortina de hierro” evidencia la profunda desconfianza hacia Moscú y la preparación para una posible confrontación terrestre, reconfigurando el mapa de seguridad europeo.