Países europeos fronterizos con Rusia, como Finlandia, Polonia y los estados bálticos, están acelerando la construcción de una nueva línea defensiva física para disuadir una posible agresión terrestre. Esta red de fortificaciones, que incluye zanjas antitanque, minas y muros, representa la materialización de una nueva 'cortina de hierro' en el continente. En respuesta directa al temor de una ofensiva rusa tras un posible cese al fuego en Ucrania, varias naciones están reforzando militarmente sus fronteras. Lituania inició en agosto la construcción de un cinturón de 48 km con zanjas antitanque, minas, trampas y muros de concreto. A esta iniciativa se suman Polonia, Estonia y Letonia, que planean más de 1.500 km de obstáculos militares, incluyendo "dientes de dragón" y campos minados. Finlandia, que comparte una frontera de 1.340 km con Rusia, está reemplazando sus antiguas verjas de madera por vallas de acero, sensores térmicos y puestos de vigilancia, con el objetivo de cubrir el 15% de su frontera para 2026. Una estrategia innovadora mencionada es la que consideran Finlandia y Polonia: restaurar turberas secas (humedales) a lo largo de sus fronteras para crear barreras naturales infranqueables para vehículos blindados, una medida que además contribuye a la lucha contra el cambio climático.
Estas acciones físicas se complementan con un aumento significativo en los presupuestos de defensa.
Lituania, por ejemplo, destina el 5,5% de su PIB a defensa y ha adquirido tanques Leopard 2A8. A diferencia de la Cortina de Hierro ideológica de la Guerra Fría, esta nueva barrera es física, estratégica y visible desde el aire.
En resumenLa construcción de barreras físicas en la frontera oriental de Europa es una respuesta tangible al temor de una expansión del conflicto ucraniano. Esta nueva 'cortina de hierro' no es ideológica, sino militar y estratégica, y refleja una profunda desconfianza hacia Rusia que está redibujando el mapa de seguridad del continente.