Ambos representaban proyectos políticos antagónicos con diversas alianzas a nivel local y nacional.

María Margarita Guerra, de Fuerza Ciudadana, se presentó como la candidata de la continuidad del proyecto liderado por Carlos Caicedo, bajo el lema “El Cambio no se detiene”. Su campaña se basó en la promesa de seguir con las obras y programas sociales de las administraciones anteriores de su movimiento. Contó con el respaldo incondicional de la estructura del 'caicedismo', que demostró ser la más sólida en la región. Por otro lado, Rafael Emilio Noya, un exdiputado que militó en Fuerza Ciudadana por más de una década, se inscribió por la coalición “En el Magdalena cabemos todos”. Noya logró aglutinar una amplia alianza que incluía desde partidos tradicionales hasta el respaldo oficial del Pacto Histórico, la coalición del presidente Gustavo Petro.

Su campaña se enfocó en consolidar un bloque de “todos contra Caicedo”. Los otros dos candidatos en el tarjetón fueron Luis Augusto Santana, avalado por Dignidad y Compromiso, quien propuso una lucha frontal contra la corrupción, y Miguel Martínez Olano, de la coalición ALMA, cuya campaña se centró en la transparencia y la crítica a las prácticas políticas tradicionales. La polarización entre Guerra y Noya reflejó la principal tensión política del departamento: la continuidad del modelo de Fuerza Ciudadana frente a una coalición diversa que buscaba un cambio de poder.