Este enfoque integral permite a los participantes adquirir tanto habilidades prácticas como competencias blandas.
Un hito importante de este año fue el ascenso de 60 jóvenes al grado “Semilla”, un reconocimiento a su dedicación y a la superación de evaluaciones teóricas y prácticas.
La coordinadora del programa, María Angélica Ramírez, expresó su satisfacción, indicando que se da “un parte muy positivo”. Los propios participantes, como Santiago Restrepo Calle, destacaron la transformación personal vivida, aprendiendo sobre creatividad, pensamiento crítico y lo que significa ser “un líder que se forma”.
El programa culminó con una fogata simbólica que representó la unión y el compromiso de los jóvenes con el voluntariado, buscando dejar un legado para futuras generaciones. Esta estrategia demuestra la inversión de la ciudad en su juventud a través de programas holísticos que construyen carácter y fomentan la participación ciudadana.







