Por ello, desde la dirección de Julio César Gómez Salazar, se impulsan procesos que buscan “convertir escenarios de violencia en paisajes de paz”. Uno de los logros más visibles del proyecto fue la recuperación del antiguo mirador de La Ferro, que pasó de ser un botadero de basura a un atractivo turístico visible desde el Aeropuerto Matecaña. La iniciativa, liderada por la comunidad, demuestra cómo el arte puede resignificar espacios y generar un cambio social profundo, transformando un territorio estigmatizado en un destino de paz y cultura.