Estos indicadores sugieren que las estrategias de seguridad han tenido éxito en combatir la delincuencia común y el crimen callejero, pero la escalada de violencia homicida, atribuida principalmente a disputas entre organizaciones criminales, sigue siendo el desafío más grande. Aunque las estadísticas de robos son positivas, la percepción de inseguridad entre los ciudadanos persiste, ya que el temor está directamente ligado al aumento de los crímenes contra la vida.