Esta afirmación no es solo un halago a los seguidores, sino un mensaje calculado para fortalecer la moral del equipo y crear una narrativa de unidad y favoritismo ambiental. A sus 34 años, su liderazgo ha evolucionado y ahora incluye la gestión de las expectativas y la construcción de un entorno positivo. Mientras su futuro a nivel de clubes es incierto, su compromiso y enfoque con la selección parecen inquebrantables. Al posicionar a la hinchada como un jugador más, James busca transformar la presión de un Mundial en una fuente de motivación. Esta perspectiva es vital para un equipo que buscará ser protagonista, y demuestra que su influencia va más allá de su talento con el balón, consolidándolo como una de las voces más autorizadas y un pilar fundamental en el proyecto de Néstor Lorenzo.