Un episodio particular durante un partido contra Atlas evidenció públicamente las fricciones entre el jugador y el cuerpo técnico. El incidente ocurrió en el minuto 60 del encuentro, cuando Ambriz decidió sustituir a James.

La reacción del colombiano fue de visible molestia y frustración, haciendo gestos de desaprobación que fueron captados por las cámaras y que no pasaron desapercibidos. En la rueda de prensa posterior, el técnico justificó su decisión argumentando que buscaba darle al equipo "mayor verticalidad y ritmo en ataque", aunque también circularon versiones sobre una posible sobrecarga muscular del jugador. Sin embargo, la tensión se hizo más evidente en el siguiente partido contra Pumas, donde James fue relegado al banquillo de suplentes, una decisión interpretada por la prensa como un 'castigo' por su comportamiento anterior. Este rol secundario contrastaba fuertemente con el estatus de capitán y titular con el que había iniciado su etapa en el club. La pérdida de protagonismo y los desacuerdos tácticos con Ambriz se sumaron al bajo rendimiento colectivo del equipo, creando un ambiente insostenible que finalmente culminó con la decisión de la directiva de no renovar su contrato, poniendo fin a una etapa marcada por grandes expectativas y resultados discretos.