Al llevar a cabo ataques contra Israel y contra la navegación internacional en el mar Rojo, el grupo, respaldado por Irán, se posiciona como un actor relevante en el eje de resistencia contra Israel y sus aliados occidentales. Esta estrategia alinea directamente el conflicto civil yemení, que ya involucra a potencias regionales como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, con la prolongada confrontación entre Irán e Israel.

Para la comunidad internacional, esto complica aún más cualquier esfuerzo de paz en Yemen, ya que las acciones de los hutíes no pueden ser vistas únicamente a través del prisma de la guerra civil. Sus ataques contra intereses israelíes y globales transforman el mar Rojo y sus alrededores en un frente activo de tensiones geopolíticas más amplias, afectando la seguridad marítima y el comercio mundial, y reforzando la narrativa de un conflicto por delegación entre Teherán y sus adversarios.