La vida en Gaza, tras dos años de guerra y un frágil alto el fuego en 2025, transcurre entre campamentos improvisados, inundaciones y una aguda crisis. El colapso total de la infraestructura sanitaria ha dejado a unas 740.000 personas vulnerables a inundaciones tóxicas. A esto se suma la incertidumbre generada por la "línea amarilla", la supuesta frontera de la zona segura, que los palestinos denuncian como un concepto vago y no respetado por el ejército israelí, que controla el 53% del territorio. A pesar de la prohibición, organizaciones como Cáritas Jerusalén han afirmado su intención de continuar sus operaciones.