Los palestinos denuncian que esta línea es un concepto vago y en constante movimiento. Esta demarcación no es una frontera física y claramente definida, sino una zona de control militar que, según los informes, abarca más de la mitad del territorio de Gaza. Para los palestinos que viven en el enclave, esta línea se ha convertido en una “pesadilla”.
La principal fuente de angustia es su naturaleza arbitraria y fluida. Los residentes afirman que la línea es “constantemente ‘movida hacia adelante’ o no respetada”, lo que la convierte en un “concepto vago, casi invisible”. Esta ambigüedad crea un estado de perpetua incertidumbre y miedo, ya que los civiles no pueden estar seguros de cuándo están cruzando hacia una zona de peligro inminente.
El control israelí sobre una porción tan vasta del territorio, incluso después del cese al fuego, tiene profundas implicaciones para la vida diaria.
Limita la libertad de movimiento, el acceso a tierras agrícolas y las posibilidades de reconstrucción en las áreas afectadas. En la práctica, funciona como una zona de amortiguamiento impuesta unilateralmente que reduce el espacio vital de una población ya densamente concentrada. Este mecanismo de control territorial es una faceta de la ocupación que persiste más allá del combate activo, moldeando la realidad de la posguerra y sirviendo como una fuente constante de tensión y peligro para los palestinos.











