El organismo instó a que se apliquen a Israel “medidas jurídicas, económicas, políticas y diplomáticas”.

Esta postura refleja un consenso casi unánime en el mundo árabe e islámico.

China, una potencia con crecientes intereses en África, expresó su “grave preocupación” y “firme oposición”, declarando que Somalilandia es una “parte inseparable” de Somalia y que se opone a cualquier acto que busque dividir el país. Por su parte, Irán describió la acción como “infundada y carente de sentido”, enmarcándola en una estrategia israelí para desestabilizar la región desde el Cuerno de África hasta el mar Rojo. Incluso actores no estatales como los rebeldes hutíes de Yemen se pronunciaron, con su líder Abdelmalek al Huti amenazando con atacar Somalilandia ante “cualquier presencia israelí” en la región.

El gobierno talibán de Afganistán también se sumó a las condenas. Este rechazo generalizado, que incluye a la Unión Europea, demuestra el aislamiento de Israel en esta decisión y subraya cómo el movimiento es percibido no como un paso hacia la paz, sino como una acción unilateral que podría exacerbar las tensiones existentes.