La infraestructura básica ha colapsado, con consecuencias devastadoras. Un informe destaca que el colapso total de la infraestructura sanitaria ha dejado a 740.000 personas vulnerables a inundaciones tóxicas, una cifra que subraya la magnitud del desastre. Esta situación ha llevado a los cancilleres de diez países a alertar sobre el carácter “catastrófico” de la crisis humanitaria. La vida cotidiana es una lucha constante, y la reconstrucción prometida avanza con lentitud, dejando a la población en un estado de incertidumbre y precariedad. La presión de Washington fue clave para alcanzar el cese al fuego, pero la atención internacional ahora se centra en si la ayuda humanitaria y los fondos para la reconstrucción llegarán a tiempo para evitar un desastre aún mayor. La brecha entre el acuerdo diplomático y la realidad en el terreno sigue siendo inmensa, con una población atrapada entre la devastación de la guerra y un futuro incierto.