La destrucción generalizada ha obligado a muchas personas a vivir en edificios dañados, enfrentando el riesgo de derrumbes y las duras condiciones del invierno. La situación humanitaria en la Franja de Gaza ha alcanzado niveles críticos, especialmente con la llegada del invierno, según denunciaron las Naciones Unidas el 23 de diciembre de 2025. A pesar de que se observan "primeros signos de una frágil normalidad", la realidad para la mayoría de los palestinos es de una lucha diaria por la supervivencia. La ONU ha alertado sobre una grave "emergencia invernal", destacando que la destrucción masiva de infraestructura ha dejado a innumerables familias viviendo en edificios dañados, con el "riesgo de derrumbes repentinos". Esta precaria situación de vivienda se combina con la falta de servicios básicos. El testimonio del vicario general del Patriarcado Latino de Jerusalén, William Shomali, refuerza esta imagen desoladora, afirmando que el 80% de los edificios en la zona han sido destruidos. Aunque señala que "la fruta ha vuelto a los estantes de las tiendas", también subraya que persisten "el hambre y el desempleo, además del miedo".

Esta dualidad entre pequeños signos de recuperación del mercado y la abrumadora devastación estructural y social define la crisis actual. La población de Gaza se encuentra atrapada entre la violencia del conflicto y las duras condiciones de vida, donde la falta de un refugio seguro se convierte en una amenaza tan letal como las propias hostilidades. La crisis humanitaria presiona a la comunidad internacional para encontrar una solución política urgente.