Al día siguiente, cinco naciones árabes (Egipto, Jordania, Líbano, Irak y Siria) le declararon la guerra.
Israel no solo salió victorioso de este conflicto, conocido como la Guerra de la Independencia, sino que expandió su territorio más allá de las fronteras acordadas. Una de las consecuencias más duraderas de esta guerra fue el desplazamiento de millones de árabes, que se convirtieron en refugiados. Veinte años después, en la Guerra de los Seis Días (1967), Israel obtuvo una victoria “aplastante” sobre Egipto, Jordania y Siria, ocupando Cisjordania (incluida Jerusalén Oriental), los Altos del Golán y la península del Sinaí.
El artículo señala que fue entonces cuando Jerusalén volvió a estar bajo control de su “dueño originario”.
Posteriormente, se formó la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), liderada por Yasir Arafat, con el objetivo de eliminar a Israel. A pesar de los Acuerdos de Oslo de 1993, la paz nunca se consolidó.










