Las conversaciones cuentan con la mediación activa de Estados Unidos y potencias regionales como Egipto, Qatar y Turquía. El enviado especial de Estados Unidos para Medio Oriente, Steve Witkoff, confirmó haberse reunido con delegaciones de estos países para avanzar en las negociaciones. Uno de los puntos clave del diálogo es la necesidad de establecer un gobierno futuro para el enclave “bajo una autoridad gazatí unificada”, lo que sugiere que las conversaciones van más allá de un simple cese de hostilidades y abordan la estructura de gobernanza a largo plazo para el territorio. Estos esfuerzos diplomáticos se producen mientras en el terreno se reportan apenas “primeros signos de una frágil normalidad” y la situación humanitaria sigue siendo desesperada. La implicación de múltiples actores regionales subraya la complejidad del conflicto y la necesidad de un consenso amplio para garantizar la sostenibilidad de cualquier acuerdo. El éxito de esta segunda fase del plan de desescalada es crucial para aliviar el sufrimiento de la población civil y evitar una nueva espiral de violencia. Sin embargo, la fragilidad de la tregua actual y las profundas divisiones entre las partes en conflicto representan obstáculos significativos que los mediadores intentan superar.