El artículo narra cómo las Naciones Unidas propusieron en 1947 dividir el territorio en dos Estados, uno árabe y otro judío, con Jerusalén como un territorio internacional. Mientras los líderes judíos aceptaron el plan, el pueblo árabe lo rechazó.
Esto llevó a la declaración de independencia de Israel el 14 de mayo de 1948 por David Ben-Gurión, reconocida casi de inmediato por Estados Unidos y la Unión Soviética.
Al día siguiente, Egipto, Jordania, Líbano, Irak y Siria declararon la guerra al nuevo Estado.
Israel no solo salió victorioso, sino que expandió su territorio más allá de las fronteras acordadas, provocando el desplazamiento de millones de árabes. Veinte años después, en la Guerra de los Seis Días de 1967, Israel derrotó a Egipto, Jordania y Siria, anexionando Cisjordania, los Altos del Golán, la península del Sinaí y Jerusalén Oriental, que volvía a estar bajo control judío después de casi 2000 años. Este evento impulsó la organización de los palestinos a través de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), liderada por Yasir Arafat. A pesar de los Acuerdos de Oslo de 1993, que implicaron un reconocimiento mutuo, la paz nunca se consolidó, dejando un legado de conflicto que persiste hasta hoy.










