La dualidad entre la acción militar y el diálogo subraya la fragilidad de la situación en la región. Los informes indican que Israel lanzó nuevos ataques aéreos, manteniendo la presión militar sobre la Franja de Gaza.
Simultáneamente, la diplomacia internacional trabaja para consolidar una desescalada.
Steve Witkoff, enviado especial de Estados Unidos para Medio Oriente, confirmó haberse reunido con delegaciones de Egipto, Qatar y Turquía para avanzar en la segunda fase del plan de alto el fuego. Un punto clave de estas conversaciones fue la necesidad de establecer un gobierno “bajo una autoridad gazatí unificada”, lo que sugiere que los esfuerzos diplomáticos no solo se centran en el cese de hostilidades, sino también en la gobernanza futura del enclave palestino. Esta búsqueda de una solución política y administrativa choca con la realidad en el terreno, donde la violencia continúa. La viabilidad de una tregua duradera depende de la capacidad de los mediadores para alinear los intereses de Israel, que busca garantizar su seguridad y desmantelar a Hamás, con las aspiraciones palestinas de autogobierno y el fin del bloqueo, un equilibrio que hasta ahora ha demostrado ser extremadamente difícil de alcanzar.












