El texto argumenta que el regreso del pueblo judío a su tierra ancestral fue un acto de justicia histórica que, sin embargo, sentó las las bases para el enfrentamiento con la población árabe residente. El artículo presenta una narrativa histórica que enmarca el sionismo y la creación del Estado de Israel como la restitución de un derecho ancestral. La argumentación comienza antes de la era de Theodor Herzl, mencionando a figuras como el rabino Juda Ben Salomón Alkalai como precursores del sionismo. Un punto de inflexión clave es la Declaración Balfour de 1917, emitida por el gobierno británico. El texto la interpreta no como una "concesión" o un "acto de bondad", sino como un "acto de justicia", al devolver la tierra a su "original dueño". Esta perspectiva es reforzada con una cita de Winston Churchill: “No hay una relación más indiscutible en la historia, que la conexión de los judíos con Palestina”. El análisis describe cómo, tras la caída del Imperio Otomano y el establecimiento del Mandato Británico, se facilitó el regreso de los judíos, impulsado por la persecución en Europa, como los pogromos en Rusia y el ascenso del nazismo en Alemania.
Sin embargo, este regreso no fue pacífico.
El texto señala que la llegada de los judíos generó un nuevo conflicto con los habitantes árabes, musulmanes y otros grupos, que culminó en la "gran revuelta árabe" de 1936. Se destaca que esta revuelta ocurrió simultáneamente al exterminio de judíos por parte de Hitler, creando un escenario de doble amenaza para el pueblo judío. Finalmente, se menciona que el conflicto llevó al Reino Unido a entregar el asunto a las recién creadas Naciones Unidas, que propusieron un plan de partición del territorio.










