El análisis recorre varios hitos históricos para fundamentar su perspectiva.
Comienza en la era del Imperio Otomano, mencionando a figuras tempranas del sionismo como el rabino Juda Ben Salomón Alkalai, y argumenta que la Declaración Balfour de 1917 no fue una "concesión" británica, sino un "acto de justicia" que devolvía la tierra a su "original dueño". El autor describe cómo, tras la Primera Guerra Mundial y bajo el Mandato Británico, la inmigración judía se intensificó debido a los pogromos en Rusia y el auge del nazismo en Alemania.
A su llegada, los judíos compraron tierras que, según el texto, les habían pertenecido por generaciones. El artículo también aborda el surgimiento del conflicto con la población árabe, culminando en la "gran revuelta árabe" de 1936, y señala que esta hostilidad coincidió con el exterminio de judíos en Europa. Finalmente, el texto presenta la decisión de las Naciones Unidas de dividir el territorio como el paso definitivo que reconoció lo que durante mucho tiempo se le había negado al pueblo judío: "la titularidad de su propia tierra".










