Al señalar directamente a Israel y a su principal aliado, Estados Unidos, Irán busca consolidar su narrativa de que la inestabilidad en Oriente Medio es causada por actores externos y no por sus propias políticas expansionistas. Esta retórica sirve para justificar su programa de misiles, su apoyo a milicias aliadas en países como Líbano, Siria e Irak, y su postura nuclear, presentándolos como medidas defensivas necesarias ante una agresión percibida.
La declaración del alto comandante iraní refuerza la idea de un "eje de la resistencia" liderado por Teherán, que se opone a la influencia occidental e israelí en la región. En el contexto de las tensiones en el Golfo Pérsico, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, estas afirmaciones aumentan el riesgo de una escalada, ya que cualquier incidente podría ser interpretado a través de este prisma de confrontación. La postura iraní consolida a Israel como su principal adversario regional, un pilar central de su política exterior y de seguridad nacional.










