Este desacuerdo evidencia las complejidades diplomáticas que rodean al enclave palestino.

La situación en el paso de Rafah, el único punto de salida de la Franja de Gaza que no está controlado directamente por Israel, se ha vuelto un foco de tensión diplomática. Según un informe, Israel anunció la reapertura del cruce como parte del "plan de paz de Trump para el enclave palestino", permitiendo únicamente la salida de gazatíes hacia territorio egipcio. Esta medida, de ser unilateral, podría interpretarse como un intento de facilitar un éxodo de la población palestina, una idea que ha sido rechazada firmemente por Egipto y otros países árabes. La reacción de El Cairo no se hizo esperar: las autoridades egipcias desmintieron el anuncio israelí y establecieron una condición clara para cualquier reapertura, exigiendo que el paso funcione en ambas direcciones, permitiendo tanto la entrada como la salida de personas y bienes. La postura egipcia subraya su soberanía sobre su lado de la frontera y su rechazo a ser parte de un plan que pueda conducir al desplazamiento permanente de palestinos fuera de Gaza. Este episodio de informaciones contradictorias pone de manifiesto la falta de coordinación entre los actores clave y la sensibilidad extrema que rodea la gestión de las fronteras de Gaza. La apertura de Rafah es crucial para la ayuda humanitaria y la libertad de movimiento de los palestinos, pero cualquier decisión al respecto requiere un consenso diplomático que, a la luz de estos eventos, parece lejano.