De manera similar, algunos comerciantes intentan reabrir mercados entre los escombros dejados por los ataques.

Sin embargo, estos esfuerzos chocan con la realidad de que varias aldeas permanecen bloqueadas por las fuerzas israelíes, haciendo imposible el regreso seguro de sus habitantes. Esta situación no solo afecta la reconstrucción física de la infraestructura devastada, sino que también tiene un profundo impacto psicológico en una población que vive con el temor constante a una nueva escalada. El bloqueo israelí se convierte así en una barrera tangible para la paz y la estabilización de una región que lucha por superar las consecuencias de un conflicto devastador.