Un año después de la guerra entre Israel y Hezbolá, la recuperación en el sur de Líbano se ve severamente obstaculizada por los controles militares que Israel mantiene en la zona, los cuales impiden que más de 80.000 personas desplazadas puedan regresar a sus hogares. A pesar de los esfuerzos de la comunidad local para reconstruir la vida cotidiana, la presencia militar israelí mantiene un clima de incertidumbre y prolonga la crisis humanitaria. Líderes locales, como el director Faraj Badran, han tomado iniciativas para fomentar el retorno, como la construcción de una escuela prefabricada para reanudar las clases y dar una señal de normalidad a las familias.
De manera similar, algunos comerciantes intentan reabrir mercados entre los escombros dejados por los ataques.
Sin embargo, estos esfuerzos chocan con la realidad de que varias aldeas permanecen bloqueadas por las fuerzas israelíes, haciendo imposible el regreso seguro de sus habitantes. Esta situación no solo afecta la reconstrucción física de la infraestructura devastada, sino que también tiene un profundo impacto psicológico en una población que vive con el temor constante a una nueva escalada. El bloqueo israelí se convierte así en una barrera tangible para la paz y la estabilización de una región que lucha por superar las consecuencias de un conflicto devastador.
En resumenLa recuperación del sur de Líbano está estancada debido a los controles militares israelíes que impiden el retorno de miles de desplazados. A pesar de las iniciativas locales para reconstruir, el bloqueo de aldeas por parte de Israel perpetúa la crisis y la incertidumbre en la región.