Sin embargo, Egipto se opuso a una apertura en una sola dirección, que solo permitiría la salida de gazatíes. El gobierno egipcio exigió que el cruce fronterizo funcione en ambas direcciones, permitiendo tanto la salida como la entrada de personas y bienes. Esta condición subraya la postura de El Cairo de no querer facilitar un éxodo de palestinos de Gaza sin garantías de retorno y sin un acuerdo integral que aborde la situación humanitaria y política del territorio. El paso de Rafah es la única salida de Gaza que no está controlada directamente por Israel y su funcionamiento es vital para la población del enclave, que vive bajo un prolongado bloqueo. El desacuerdo entre Israel y Egipto pone de manifiesto las complejidades geopolíticas que rodean a Gaza, donde cualquier decisión sobre el movimiento de personas se convierte en un asunto de alta sensibilidad diplomática y humanitaria, con implicaciones directas para la estabilidad de la región.