Los individuos eran buscados por Israel por presuntas "actividades terroristas", pero las imágenes han desatado una fuerte condena internacional y acusaciones de ejecución extrajudicial.

La reacción de las autoridades palestinas fue inmediata y contundente.

La Autoridad Palestina calificó el acto como un "crimen de guerra", mientras que Hamás lo describió como un "asesinato a sangre fría". Este suceso no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto de creciente violencia en la región.

Varios países europeos han expresado su preocupación y han condenado el aumento de los ataques perpetrados por colonos israelíes contra civiles palestinos, una tendencia que ha exacerbado las tensiones y minado aún más las perspectivas de paz. La investigación anunciada por el ejército israelí será crucial para determinar las responsabilidades y para responder a la presión internacional que exige rendición de cuentas. Sin embargo, el escepticismo prevalece entre los palestinos y los grupos de derechos humanos, que a menudo critican la falta de consecuencias reales en investigaciones similares. El incidente pone de relieve la tensa y volátil situación de seguridad y la urgencia de abordar las violaciones de derechos humanos para evitar una mayor escalada.