El gobierno sirio ha calificado la operación como un "crimen de guerra", mientras que Israel sostiene que la acción estaba dirigida contra militantes islamistas. La operación militar israelí se desarrolló en una aldea a unos 40 kilómetros de Damasco y ha sido descrita como una de las redadas más mortíferas en Siria desde la caída de Bashar al Asad. Según los informes, el ataque dejó un saldo de 13 fallecidos, entre ellos dos menores, y 24 heridos, además de provocar el desplazamiento forzado de decenas de familias. El gobierno de Damasco denunció el hecho como un "ataque brutal" y un "crimen de guerra".
Por su parte, el ejército israelí justificó la acción afirmando que su objetivo era "detener a sospechosos pertenecientes a la organización Jamaa Islamiya". La versión israelí añade que sus tropas realizaban una operación rutinaria cuando fueron "sorprendidas por hombres armados", lo que desencadenó el enfrentamiento.
Durante la operación, seis soldados israelíes resultaron heridos, y dos fueron capturados temporalmente antes de ser devueltos a Israel. Este incidente subraya la fragilidad de la seguridad en la región y el riesgo constante de una escalada en los conflictos transfronterizos, donde las acciones militares israelíes en territorio sirio continúan siendo un punto de alta tensión y controversia internacional.












