La situación sanitaria es crítica: se estima que 50.000 mujeres embarazadas se enfrentan a partos en condiciones insalubres y peligrosas, disparando la mortalidad materna y neonatal.

El colapso de los refugios seguros para sobrevivientes de violencia de género, reportado por el UNFPA, agrava su vulnerabilidad. Además, con la detención o muerte de miles de hombres, muchas mujeres se han visto forzadas a asumir el rol de cabezas de familia, enfrentando restricciones de movimiento y la pérdida de empleos. También denuncian un aumento del abuso físico y sexual, con testimonios de prisioneras que han sido desnudadas, golpeadas y privadas de alimentos e higiene.

Su lucha se ha convertido en una batalla por la supervivencia en un entorno de violencia sistémica y colapso social.