Poco después, Hezbolá confirmó oficialmente la muerte de su jefe militar. El Ministerio de Salud libanés informó de un “balance definitivo” de cinco muertos y 28 heridos como resultado del bombardeo. Este incidente es particularmente grave, ya que constituye el quinto ataque israelí contra objetivos de Hezbolá en Beirut desde que se acordó el cese de hostilidades el año anterior, lo que demuestra la fragilidad de los acuerdos y la disposición de Israel a realizar operaciones de alto riesgo en territorio libanés. La acción no solo elimina a una figura clave de la organización, sino que también eleva drásticamente la posibilidad de una represalia a gran escala por parte de Hezbolá, amenazando con desatar un conflicto más amplio en la frontera norte de Israel.