Este hecho es una poderosa metáfora de la situación actual en Gaza: un lugar donde el pasado es destruido y el presente es una lucha por la supervivencia entre las ruinas. La destrucción de este sitio se enmarca en la estimación más amplia de la ONU, que calcula que el 75% de los edificios del enclave han sido dañados o destruidos. La pérdida de la casa de Arafat no es solo material, sino también simbólica, al representar un ataque directo al patrimonio y a la identidad palestina.